Ha muerto Arthur C Clarke

Está circulando la noticia sobre la muerte de Arthur C. Clarke, a quien junto con Robert Heilein e Isaac Asimov se consideró uno de los Tres Grandes. Dijo el Buen Doctor que esa denominación era exagerada y no le falta razón, pero sin duda a este grupo se le podría conocer como el de Los Tres Grandes Sembradores, pues impulsaron el género desde una etapa pulp sin pretensiones mayores a la de entretener un rato a una literarura llena de ideas inquietantes. Tras sus pasos llegan escritores talentosos y de estricta formación científica que recogen muchos de los frutos de lo que ellos plataron en una época en que en este trabajo se consideraba poco serio y se ganaba poco dinero. Siento la tristeza de saber que ya no escribirá más, la nostalgia por los días pasados con sus obras y el asombro por haberme asomado por la puerta que abrió junto con sus colegas.

A continuación, las impresiones sobre el grupo de los Tres Grandes y sobre el mismo Arthur C. Clarke por Isaac Asimov (de Yo, Asimov).
Arthur c clarke

Los Tres Grandes
Sin duda alguna, hacia 1949 yo era ampliamente reconocido como un escritor importante de ciencia ficción. Algunos sintieron que me había unido a Robert Heinlein y A. E. van Vogt para formar el banquillo de tres patas en que descansaba la ciencia ficción.
Pero hacia 1950, A. E. van Vogt virtualmente dejó de escribir, tal vez por su creciente interés en la Dianética de Hubbard. Sin embargo, en 1946, un escritor británico, empezó a escribir para Astounding Science Fiction, y al igual que en el caso de Heinlein y van Vogt, pero a diferencia mía, tuvo un éxito inmediato.
Hacia 1949 se oyeron los primeros murmullos llamando a Heinlein, Clarke y Asimos. Esto se mantuvo por unos cuarenta años, pues todos continuamos vivos y en el campo de la ciencia ficción. Al final, comandamos grandes avances y nuestros libros aparecieron en las listas de best-sellers (¿quién lo habría pensado en la década de 1940?).
Ahora que Heinlein ha muerto y Clarke y yo nos volvemos continuamente decrépitos, uno se debe preguntar: “¿Quiénes serán los siguientes Tres Grandes?” Me temo que la respuesta es que ya los habrá. En los primeros días, cuando se escogió a los Tres Grandes por consenso general, el número de escritores de ciencia ficción era reducido y era fácil escoger los ejemplos sobresalientes.
Hoy en día, sin embargo, el número de escritores de ciencia ficción, inclusive de buenos escritores de ciencia ficción es tan grande que es simplemente imposible escoger a tres escritores acerca de los cuales todos coincidan.
Pero tal vez no sea una gran tragedia; siempre he pensado que mencionar una y otra vez a los Tres Grandes fue en cierto modo un fenómeno de autocumplimiento. Fuimos los Tres Grandes porque tuvimos éxito pero, ¿cuánto de nuestro éxito continuo surgió del hecho de que se nos conociera como Los Tres Grandes? Aunque me haya beneficiado de ello, siempre he estado incómodamente consciente de que sería hacer trampa al resto del campo.

Arthur C. Clarke
La gente tiende a confundirnos ya que ambos escribimos historias cerebrales en las que las ideas científicas tienen más importancia que la acción.
Muchas jovencitas me han dicho: “Oh. Dr. Asimos, no creo que El Fin de la Infancia esté a su altura habitual” Y siempre respondo: “Bueno querida, por eso la escribí bajo seudónimo”.
Arthur y yo compartimos puntos de vista similares sobre ciencia ficción, ciencia, asuntos sociales y política. Nunca he tenido ocasión de estar en desacuerdo con él en ninguna de estas cosas, lo cual es un crédito a su preclara inteligencia.
Hay, desde luego, algunas diferencias entre nosotros. Él es calvo, es unos dos años más viejo que yo y ni de lejos es tan apuesto, pero está endiabladamente bien para ocupar el segundo sitio.
Desde el principio, Arthur estuvo interesado en la ciencia ficción y en los aspectos más imaginativos de la ciencia, fue un devoto pionero de la cohetería y en 1944 fue el primero en sugerir el uso de de los satélites de comunicaciones en un documento científico serio.
Se volvió a la escritura de la ciencia ficción y su primera historia publicada en una revista estadounidense fue Loophole en el número de abril de Astounding Science Fiction. Tuvo un éxito inmediato.
Arthur admite alegremente que era llamado “Ego” por sus compañeros de escuela, sin embargo, es una persona increíblemente brillante que escribe ficción y no ficción con igual facilidad. A pesar de su ego, es una persona extremadamente encantadora y nunca he oído una mala palabra dirigida seriamente contra él, aunque he dicho muchas cosas malas contra él sin seriedad y viceversa. Él y yo tenemos el mismo trato burlón e irrespetuoso que tengo también con Lester del Rey y con Harlan Ellison. Veo que con frecuencia las mujeres se alarman con el trato que nos dispensamos pero no parecen entender el lazo masculino en el cual una expresión como “¡Hola, vieja mula!” se traduce: “¡Cómo estás mi querido y encantador amigo!”. Pues bien, Arthur y yo hacemos lo misno, pero en inglés formal, esforzándonos por incluir una cucharada de ingenio. Así, cuando un avión se estrelló, sobreviviendo aproximadamente la mitad de los pasajeros, sucedió que uno de los sobrevivientes mantuvo la calma
durante los peligrosos intentos de aterrizaje leyendo una novela de Arthur C. Clarke y esto se dio a conocer en un periódico.
Arthur, como es su costumbre, imprimió cinco millones fotocopias del artículo para enviarlos a todos sus conocidos así que me llegó una copia con su letra: “¡Qué pena que no estuviera leyendo una de tus novelas, se habría dormido durante toda la horrible experiencia”.
En seguida contesté a Arthur con una carta que decía: “Al contrario, la razón que tuvo para leer tu novela fue pensar que si el avión se estrellaba, la muerte llegaría como un bendito alivio”.
Sospecho que Arthur es uno de los más ricos escritores de revistas de ciencia ficción, pues ha escrito una gran cantidad de best-sellers y ha estado involucrado en varias películas, incluyendo la primera de las películas espectaculares de ciencia ficción, “2001, Una Odisea Espacial”.
Estuvo brevemente casado en una ocasión, pero desde entonces ha llevado una confortable vida de soltero. En una época fue un ardiente practicante del buceo autónomo y de hecho, casi muere durante una de sus zambullidas.

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